El 20 de enero a las doce de la noche, en la Plaza de la Constitución de San Sebastián, el alcalde iza la bandera de la ciudad. En ese momento empieza la Tamborrada: durante las siguientes 24 horas, más de cien compañías de tambores y barriles recorren cada rincón de Donostia.
No para hasta la medianoche siguiente.
El origen
La Tamborrada surgió en el siglo XIX como una parodia de los soldados napoleónicos que ocuparon la ciudad. Las cocineras de los cuarteles imitaban la marcha de los militares golpeando cubos y barriles. Con el tiempo, la burla se convirtió en tradición, y la tradición en uno de los actos más esperados del año en el País Vasco.
Hoy participan unas 15.000 personas agrupadas en compañías que se distinguen por sus uniformes —unas visten de cocineras del siglo XIX, otras de soldados— y que desfilan durante toda la noche y todo el día por los barrios de la ciudad.
Cómo se vive
Lo más singular de la Tamborrada es que no tiene un único centro: está en todas partes al mismo tiempo. Mientras una compañía desfila por la Parte Vieja, otra hace lo propio en Gros, otra en Amara. La ciudad entera suena. El ritmo de la Tamborrada —inconfundible, repetido desde que uno llega— acaba instalándose en la cabeza y no desaparece hasta días después.
La noche del 20 de enero, con el frío del invierno vasco y el olor a sidra y pintxos, es uno de los ambientes más especiales que puede ofrecer una ciudad española en fiestas.