Ciudad Rodrigo lleva celebrando el Carnaval del Toro desde el siglo XVIII. No nació para atraer visitantes —nació porque era lo que hacía la gente de allí en febrero, porque la ciudad tenía toros y tenía carnaval, y las dos cosas acabaron fundiéndose en algo que no se parece a nada más.
Tres fines de semana, no uno
Lo que diferencia al Carnaval del Toro de otras celebraciones similares es su extensión. No se trata de un día o un fin de semana puntual: son tres fines de semana consecutivos en febrero, con encierros por las calles del casco histórico, capeas en la plaza y un ambiente que no decae.
Las murallas medievales delimitan el recorrido. Los toros corren por calles empedradas de varios siglos, entre casas de piedra y vecinos que llevan toda la vida viendo pasar los encierros desde el mismo balcón de siempre.
El papel del carnaval
El componente carnavalesco no es decorativo: las comparsas, los disfraces y la música son tan parte de la fiesta como los propios toros. La convivencia entre ambas tradiciones es lo que da a Ciudad Rodrigo su carácter único. No es una corrida, no es un carnaval: es las dos cosas a la vez, y eso no existe en ningún otro lugar de España.